El código genético es, a grandes rasgos, el conjunto de mandamientos para la síntesis de aminoácidos. Es un conjunto de reglas que establecen cómo se da el proceso de traducción del RNA para la síntesis de aminoácidos y proteínas. Es un código universal, común en todos los seres vivos (aunque haya pequeñas excepciones).
El código genético establece la relación entre los nucleótidos presentes en el material genético y los aminoácidos. La secuencia de material genético está compuesta por “piezas” llamadas nucleótidos, que contienen una molécula llamada base nitrogenada, que puede ser de cinco tipos. La adenina (A), timina (T), citosina (C) y guanina (G) están presentes en el ADN y la adenina, guanina, citosina y uracilo (U) en el ARN.
A cada secuencia de tres nucleótidos se le llama codón, y los codones codifican aminoácidos. Como si de una traducción de idiomas se tratara, una determinada secuencia de material genético se “lee” por codones, por nucleótidos en grupos de tres, para traducirlos a aminoácidos; como las secuencias que se traducen son mucho más largas que 3 nucleótidos, el resultado de la traducción es un conjunto de aminoácidos, que formarán proteínas con estructuras y funciones específicas.
La cantidad de codones posibles es de 64; de estos, 61 codifican aminoácidos (los 3 restantes son señales de STOP, que marcan el final de la traducción). Existen 20 aminoácidos que forman proteínas, y, por tanto, más de un codón puede codificar la misma proteína.

¿Qué conclusiones se pueden extraer del hecho de que todos los seres vivos tengan el mismo código genético?
La primera conclusión es que, efectivamente, todos los organismos vivos del planeta tienen un ancestro en común. La improbabilidad de que el código genético sea fruto de una evolución convergente es tan grande, que es posible tomarse la libertad de decir que el último ancestro común de todos los organismos ya tenía este código genético. Voy a justificar esta conclusión con una comparación a una escala diferente:
Una de las características distintivas de los mamíferos es la presencia de pelo (los marinos no, pero vamos a obviarlos para el ejemplo). Si tener pelo es un rasgo que se mantiene en todos los mamíferos es porque es un rasgo útil y beneficioso en los entornos en los que han evolucionado. Tenemos dos opciones para explicar la presencia de pelo. La primera es, que el ancestro en común de todos los mamíferos tuviera pelo, y que precisamente este rasgo siga siendo de utilidad en todos los medios en los que han evolucionado los mamíferos. La segunda opción es que el último ancestro en común no tuviera pelo, pero, al ser una característica útil en mamíferos, todos ellos lo hayan desarrollado en algún punto a lo largo de sus historias evolutivas hasta llegar al presente, donde todos ellos tienen pelo. La segunda opción, aunque posible, es improbable. Si extrapolamos este ejemplo al del código genético, sería realmente improbable que prácticamente todos los seres vivos desarrollaran en sus propias historias evolutivas este código genético; por eso, podemos concluir con altas probabilidades que todos los organismos tienen un ancestro en común y que, además, contiene el código genético que conocemos.
Relacionado con esto, podemos concluir que la universalidad del código genético es evidencia de su naturaleza óptima. Como hemos dicho, es un rasgo compartido por todos los seres vivos y aquí se incluyen organismos tan ancestrales como las bacterias y las arqueas, que llevan en la Tierra miles de millones de años. El hecho de que se haya mantenido y no haya sufrido muchos cambios significantes durante tanto tiempo muestra que tiene una expresión óptima. Con esto no quiero decir que el código genético se haya mantenido intacto durante miles de millones de años, sino que el formato y expresión del código genético son los más adecuados para la función que cumple.
Por último, podemos concluir que la base de la vida es la misma en todos los organismos. A pesar de todas las formas de vida que existen (y han existido) desde las células más minúsculas hasta los saurios más gigantescos, los cimientos de la vida son los mismos. Absolutamente todo lo que conocemos, inánime o no, está formado por átomos de unos elementos concretos, organizados y conectados en una infinidad de maneras. A una escala diferente, podríamos decir que la traducción del RNA y la posterior síntesis de aminoácidos y proteínas es equivalente a los átomos. Los cimientos son los mismos en todos los seres vivos, y es la reorganización y modificación de estos aminoácidos los que crean la gran variedad de estructuras y vidas que conocemos.












