Estadísticas sobre suicidios en España

El suicidio es, actualmente, una de las principales causas de muerte en España; el número de muertos por suicidio sobrepasa el de los muertos por accidente y homicidio. Para esta tarea he escogido las estadísticas proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) que recogen el grado de ejecución de suicidios, el modo de llevarlo a cabo y el sexo, a nivel nacional en el año 2005.

En la primera gráfica podemos observar el grado de ejecución de suicidio predominante entre hombres y mujeres. La variable del grado de ejecución se ha dividido en consumados y tentativas, que se entiende como suicidios que se han llevado completamente a cabo, y los que únicamente han quedado en intento.

Gráfica que refleja el grado de ejecución de suicidio en hombres y mujeres. (Elaboración propia)

La gráfica refleja la impactante diferencia que hay entre los hombres y mujeres que consumaron el suicidio; el número de hombres que lo llevó a cabo fue más del doble que el de las mujeres. Por otra parte, podemos observar que, aunque las tentativas de suicidio fueron relativamente equitativas en ambos sexos, la cantidad de mujeres que intentaron suicidarse sin éxito fue algo mayor que la de hombres.

A continuación, podemos observar los métodos de suicidio utilizados tanto en hombres como en mujeres, una vez más diferenciando también el grado de ejecución parcial (tentativa) y total (consumado).

Gráfica que refleja los suicidios llevados a cabo y los intentos por cada modo de ejecución, en hombres. (Elaboración propia)
Gráfica que refleja los suicidios llevados a cabo y los intentos por cada modo de ejecución, en mujeres. (Elaboración propia)

Resulta interesante comparar ambas gráficas para observar la conducta de ambos sexos a la hora de suicidarse. El método predominante de suicidio en hombres fue la asfixia, ya sea mediante estrangulación o ahorcamiento, mientras que, en las mujeres, fue la precipitación desde las alturas. De hecho, para ambos sexos, los dos métodos mencionados fueron los principales, con distinta preferencia. Curiosamente, el modo menos utilizado por los dos sexos resultó ser por arma blanca.

Si observamos las tentativas, podemos observar otro dato en común. En ambos casos, el suicidio por arma de fuego o explosivos fue el que menos intentos tuvo; esto podría significar que, o bien se trata del método más efectivo y por eso los intentos siempre son consumados, o bien fue el método menos intentado. De la misma manera, en ambos casos, el envenenamiento fue el método con más intentos (fallidos) para quitarse la vida. Con la información proporcionada es imposible concluir la razón de estos datos, pero podría deberse a que, en el caso del envenenamiento, variables como la dosis o el tipo de producto utilizado influyen en el proceso a nivel individual.

El nombre y género de los microbios

La increíble diversidad del planeta, en el que la cantidad de especies desconocidas supera con creces a las identificadas, requiere de un orden para poder dar sentido y entender sus orígenes y evolución. Gracias a la taxonomía, todos los organismos vivos (los microorganismos incluidos) se clasifican en una pirámide de rangos.

El nombre científico de cada organismo se compone de los dos últimos peldaños de la pirámide: los que reflejan el género y la especie. A esta técnica de denominación se le llama nomenclatura binomial, y se utilizan palabras en latín o latinizadas (pueden ser palabras en otro idioma como el inglés, pero modificadas mediante reglas gramaticales latinas).

A partir del siglo XVII comenzaron a describirse los microorganismos observados mediante microscopio, y seguían una variedad de criterios para asignarles nombre: características morfológicas (el género Vibrio proviene del vibro en latín, inspirado por el movimiento de las bacterias), el nombre del individuo que los describía por primera vez (los géneros Yersinia o Rickettsia provienen de A.J.E. Yersin y H.T. Ricketts), la región geográfica en la que se hallaban (Francisella turalensis proviene del Condado de Tulare, California), el tejido en el que se encontraban (Escherichia coli proviene del colon), la enfermedad que producían (Corynebacterium diphtheriae proviene de la difteria) , etc. A partir de la década de los 70 del siglo pasado, gracias a técnicas de hibridación de ADN, pudieron establecerse relaciones filogenéticas entre diversos microorganismos, reagrupar los géneros y especies y mejorar sus nombres (1).  

Sin embargo, la excepción a esta regla son los virus. No existe un criterio definido y universal a la hora de asignar nombres a los virus: algunos nombres de especie tienen una sola palabra (Lausannevirus), otros más de dos (Tomato yellow leaf curl virus), otros la enfermedad que producen (Colorado tick fever virus), etc. Esta confusión se debe, entre otras razones, a que tampoco existe un consenso general entre la comunidad científica sobre la consideración de los virus como organismos vivos, y, por tanto, no hay unanimidad a la hora de denominarlos como tal. Aun así, el Comité Internacional de Taxonomía de Virus o ICTV reconoce que la estrategia de nomenclatura binomial sería la más adecuada, y actualmente queda pendiente la decisión de oficializar una nomenclatura concreta (2).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Berger, S.A., Edberg, S.C. (1987). Microbial nomenclature: A list of names and origins. Diagnostic Microbiology and Infectious Disease (6), 343-356.

(2) Siddell, S.G., Walker, P.J., Lefkowitz, E.J., Mushegian, A.R., Dutilh, B.E., Harrach, B., …, Davison, A.J. (2019). Binomial nomenclature for virus species: a consultation. Archives of Virology (165), 519-525.

Reflexión sobre la situación energética actual

El modelo actual energético, tal y como lo conocemos, está llegando a su fin. El cambio, forzoso y tardío, se debe sobre todo a que fuentes importantes de energía como los combustibles fósiles no son renovables, y, por tanto, son limitadas además de contaminantes. Las evidencias científicas señalan que la quema de combustibles fósiles es el principal responsable del aumento en la concentración de CO2, y a su vez, es bien sabido que gases como el carbono dióxido o el metano, entre otros, conocidos como gases de efecto invernadero, contribuyen al aumento de la temperatura del planeta. A día de hoy, una de las preguntas más debatidas y candentes es la posibilidad de vivir de manera sostenible, sin combustibles fósiles, a costa de fuentes energéticas alternativas (1).

Considero que es un tema complejo, y soy consciente de que desconozco muchísimas cosas, pero en general mi visión acerca de la situación energética mundial es un tanto pesimista. Para empezar, creo que la cuestión acerca de poder vivir sin combustibles fósiles se ha planteado con retraso, y la sociedad ha llegado a un punto en el que tiene poco margen de maniobra: poco tiempo para desarrollar nuevos modelos energéticos antes de que se agote el “colchón de emergencia”, que son las fuentes no renovables como el petróleo o el carbón.

Por otra parte, estoy de acuerdo con lo que menciona el doctor Konstantinos Boulouchos del Instituto de Tecnología Energética de Zürich en este vídeo, cuando dice que es vital tener en cuenta la política y las dinámicas de poder. Países en desarrollo con potentes fuentes energéticas (como el ejemplo mencionado en el vídeo de Marruecos con el sol) no pueden “vender” su fuente si no tienen las infraestructuras para extraerlo; para que haya infraestructuras es necesaria la presencia de inversores, y el problema llega cuando estos inversores pertenecen a empresas con gran poder e intereses muy dispares a los del país con el recurso. Es muy fácil darse cuenta de que es un patrón repetido varias veces en la historia, con resultados desfavorables para los de siempre.

También temo que, partiendo de intereses capitalistas, se interponga en la lista de prioridades la eficacia energética de los recursos a otros temas relevantes como la pérdida de la biodiversidad o el cuidado del medioambiente, como ocurre con la energía nuclear y con la administración de sus residuos.

A pesar de todo, creo firmemente en la transición gradual (y afortunadamente, ininterrumpida) hacia modelos energéticos de fuentes renovables. Recientemente he conocido el concepto llamado descentralización de las energías renovables (2,3), y me ha resultado esperanzador de cara al futuro. Se trata de producir la energía empleando fuentes renovables, para poder almacenar la electricidad, en la medida de lo posible, para que se ajuste a la demanda y sea más accesible.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS

(1) Samanes Pascual, J., Berrueta Irigoyen, A., Pascual Miqueleiz, J. (2019). Energía sostenible sin malos humos (Edición 1). UPNA
(2) https://elperiodicodelaenergia.com/la-descentralizacion-es-la-forma-mas-barata-de-ampliar-el-acceso-a-la-electricidad/
(3) https://www.carbontrust.com/es/que-hacemos/innovate-and-deploy/energia-descentralizada

Reflexión sobre la Inteligencia Artificial

Este último mes hemos realizado una breve (y superficial) inmersión en el océano de la Inteligencia Artificial (IA), y he podido comprobar que la sociedad se encuentra ante un nuevo mundo, extenso, complejo y cuanto menos, fascinante. Utilizar la palabra nuevo no hace justicia a la realidad, porque es una disciplina que lleva desarrollándose durante más de 3 décadas, pero es la que mejor se adapta al desconocimiento general que existe entre muchos y muchas de nosotras. Existen varias interpretaciones de lo que significa la IA, pero tomando como referencia las palabras de Marvin Minsky, “es la ciencia de hacer que las máquinas hagan cosas que, si las hiciera un humano, diríamos que requieren inteligencia”. Esta disciplina hace uso de algoritmos que se entrenan a base de grandes cantidades de datos para que aprendan a partir de ellos (1).

Una de las características más sorprendentes de la IA es su aplicabilidad a distintos ámbitos de nuestra sociedad, entre ellos, el sanitario. En general, el principal problema al que se enfrentan los expertos en medicina es la increíble cantidad de datos a procesar; necesitan filtrar la información verdaderamente importante y así optimizar los diagnósticos, y gracias a la IA este proceso se agiliza enormemente. El Deep learning o aprendizaje profundo es una herramienta de la IA que consiste, básicamente, en enseñar a una máquina a base de ejemplos. Gracias a este algoritmo pueden analizarse, por ejemplo, grandes cantidades de imágenes de ojos para detectar enfermedades cuyo diagnóstico puede realizarse mediante la mera observación de la retina, como el glaucoma, la diabetes o algunas dolencias cardiovasculares. (2)

Por supuesto, no es posible realizar una reflexión crítica sin pararse a pensar en los riesgos y peligros que supone. No debería sorprender que una creación del ser humano arrastrase su lacra y su innata injusticia, y esto puede comprobarse con ejemplos reales: se han detectado programas que ayudan a los jueces en las sentencias, que, a la hora de predecir el riesgo del acusado de reincidir, muestran una propensión a la discriminación racial. La toma de decisiones del ser humano está, desgraciadamente, impregnado de errores, privilegios y dinámicas de poder, con consecuencias evidentes; pero la extensión de estos errores causados por la IA podría ser muchísimo mayor, simplemente considerando el masivo volumen de datos que se maneja.

No cabe duda de que se trata de un arma de doble filo, pero resulta reconfortante comprobar que existe una preocupación consensuada entre los expertos acerca de la intersección entre la IA y la ética. La Comisión Europea en el “Libro Blanco de la Inteligencia Artificial” reconoce que el bienestar social, la no-discriminación, la privacidad de los datos y la supervisión humana, entre otros, son requisitos indispensables para poder implementar este tipo de tecnologías (3).

Tomando el ejemplo de la implementación de la IA a la hora de realizar diagnósticos, creo que es necesario tener en cuenta que esta tecnología debe entenderse como una herramienta, y nunca debe sustituir al experto sanitario (2). Con el tiempo irán mejorando los diagnósticos, y seguramente el uso de esta tecnología será más seguro que nunca, pero creo que es difícil equiparar la capacidad de reacción ante imprevistos y situaciones complejas de un ser humano experto en su materia con la de una computadora. A esto se le suma también la capacidad humana de aprender al momento, sobre la marcha, mientras que algoritmos como el mencionado Deep learning tienen una limitada capacidad de transferencia y aún no son capaces de adaptarse a diferentes contextos sin previa configuración y aprendizaje (4).

Si el principal objetivo de la IA es mejorar y facilitar procesos y aspectos de nuestra sociedad, creo que es vital, por una parte, comprender el funcionamiento de esta tecnología en cada contexto en el que se aplique, y, por otra parte, que se haga con la mayor transparencia posible. Creo que es indispensable que se establezcan los límites entre el desarrollo material y el bienestar de todas las personas, y deben ser, sobre todo, las encargadas de desarrollar esta disciplina las que estén educadas y sean conscientes de sus implicaciones éticas y morales (2).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


(1) https://elpais.com/elpais/2016/01/26/ciencia/1453809513_840043.html

(2) https://lab.elmundo.es/inteligencia-artificial/salud.html

(3) https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/commission-white-paper-artificial-intelligence-feb2020_en.pdf

(4) https://medium.com/@GaryMarcus/the-deepest-problem-with-deep-learning-91c5991f5695

Insectos en el supermercado

La alimentación es uno de los rasgos más variables e impactantes entre las culturas del mundo. Un claro ejemplo de ello es el consumo de los animales a través de las diferentes culturas. Occidente no está acostumbrado a comer, por ejemplo, insectos, gatos o perros, y a su vez, el consumo de carne como la del caballo, toro o ciervo, puede resultar aberrante en otros lugares del mundo.

Está claro que el entorno y las características socioculturales afectan a la imagen y, desgraciadamente, a los prejuicios hacia algunos alimentos. Aun así, la barrera entre lo habitual y lo desconocido cada vez se está volviendo más difusa, y un ejemplo de ello es la entrada reciente en vigor de reglamentos europeos que aprueban insectos enteros y/o sus partes para formar parte de nuevas categorías de alimentos.

Los insectos constituyen una fuente de proteína de buena calidad, cumplen con las necesidades de aminoácidos, aportan grandes cantidades de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados y son ricos en varios minerales y vitaminas. Por supuesto, el valor nutricional exacto de cada insecto depende de la especie, de la fase de vida del insecto a la hora de comerlo e incluso a la técnica culinaria con la que se prepare.

En supermercados estatales como Carrefour, podemos encontrar algunos de estos productos, por ejemplo, los siguientes dos, que, como puede observarse, tienen una altísima cantidad relativa de proteínas, carbohidratos y grasas:

Las imágenes no son propias y se han obtenido de es.openfoodfacts.org.

¿Es el «Deep learning» la cumbre de la Inteligencia Artificial?

El aprendizaje profundo o Deep learning es una herramienta de Inteligencia Artificial (IA) cada vez más en auge, y proclamado como uno de los avances más espectaculares en la materia de IA. Se trata de una práctica que imita el comportamiento del sistema nervioso humano a través de redes neuronales, para conseguir, por ejemplo, identificar objetos en función de los rasgos que estos contienen.

No obstante, la crítica y la mejora constante es algo innato en la ciencia, es el motor del avance, y el aprendizaje profundo no está exento de ello. O al menos no debería estarlo, como señala Gary Marcus, uno de los expertos en redes neuronales y erróneamente tachado en ocasiones como detractor del Deep learning. Está en contra de considerar el aprendizaje profundo como la cumbre de la IA, como si fuese el destino final de la materia, y aboga por utilizarlo como base y punto de partida para seguir explorando sus usos para lograr avances a largo plazo. También critica la posición de algunos expertos que ven el aprendizaje profundo como única herramienta a utilizar, sin considerar que para ciertas tareas puede ser más conveniente utilizar otro método no necesariamente tan reciente como el Deep learning, o incluso combinarlo con este.

En términos generales, el aprendizaje profundo funciona bien en determinadas situaciones y bajo condiciones estables, y no lo hace tan bien en situaciones impredecibles. Entre sus limitaciones se encuentran, por ejemplo, la poca capacidad de transferencia que tiene de una situación a otra, aunque los datos sólo difieran en pequeños detalles; aunque sepa establecer relaciones entre los datos que recibe y el producto generado, no distingue correlación y causalidad; como “aprende” a través de ejemplos, necesita procesar una increíble cantidad de datos para poder producir outputs, y en problemas donde no hay suficientes datos, el algoritmo tiende a extrapolar de datos genéricos, creando resultados imprecisos; etc.

Nanotecnología en los alimentos

Los envases activos son aquellos que incorporan sustancias que interaccionan con el alimento para mantener y mejorar su estado y ampliar el tiempo de conservación. Los envases activos pueden ser de varios tipos: algunos incorporan un material para que este absorba sustancias indeseables del producto (como olores, etanol, oxígeno, dióxido de carbono, humedad, etc.), otros liberan sustancias beneficiosas (antimicrobianos, antioxidantes, aditivos, etc.), etc. Aunque exista una interacción entre envase y producto, los envases activos no ofrecen información adicional respecto a la que presenta un envase tradicional.

Un ejemplo de envasado activo podría ser el siguiente:

Pechuga de pavo en un envase activo.

Los envases inteligentes también se encargan de retrasar el deterioro de los alimentos. Sin embargo, estos envases ofrecen información al consumidor toda la información posible sobre el producto que contiene en su interior. Y esto ocurre de la siguiente manera: si se produce una reacción entre el alimento y el envase, esa reacción produce una modificación en la etiqueta del mismo producto, que informa a los consumidores del estado actualizado del producto. Por ejemplo, cuando un envase inteligente detecta la aparición de un microorganismo patógeno, peligroso para la salud del consumidor, la etiqueta del producto cambia de color para alertar sobre su estado deteriorado.

Los sensores que detectan los cambios en el producto y alertan de ellos al consumidor, son fruto de la nanotecnología, y son conocidos como nanosensores. Existen diferentes sensores que detectan distintos cambios, como la temperatura, la humedad, la frescura, las fugas, etc. En mi visita al supermercado no he conseguido encontrar ningún envase inteligente, pero he aquí un ejemplo encontrado en la red:

Peras en un envase inteligente que indica el grado de maduración del producto.

Este envase inteligente indica el estado de madurez del producto. Cuando ocurren cambios en el producto y se liberan ciertas moléculas asociadas a la maduración de la fruta, los nanosensores presentes en el envase lo detectan y lo expresan mediante un cambio de color en la etiqueta, siendo el color rojo lo menos maduro y el amarillo lo más maduro.

Una ventana a los trastornos mentales

“Hola. Me llamo Ane y tengo 25 años. Hoy estoy aquí para hablar sobre mi experiencia viviendo con un trastorno psicológico, el trastorno de estrés post traumático (TEPT). Mi intención es dar a conocer una de las mil caras de este trastorno, la mía, con la esperanza de que la sociedad pueda entender mejor este tipo de enfermedades y poder eliminar el estigma en torno a ellos:

Con 19 años fui con 3 amigas a la inauguración de una discoteca nueva. Era una ocasión especial, y había muchísima gente. En algún momento de la noche nos separamos, y me quedé sola con una de ellas. De repente, de la nada, escuché el estruendo de una explosión y noté cómo todo se derrumbaba muy rápido.  Perdí el conocimiento, creo que por algún golpe, y al despertar no podía moverme. Tenía las piernas atrapadas en escombros y notaba un peso enorme en el hombro. Al girarme, vi el cuerpo de mi amiga sin vida apoyado en mí, llena de sangre y ceniza. Todo lo que tenía a mi alrededor era un escenario de escombros y cuerpos tendidos en el suelo.

El personal de rescate me llevó al hospital con varias heridas y contusiones por todo el cuerpo. A los pocos días me contaron que sólo sobrevivimos 80 personas de las 400 que había esa noche, y que mis amigas no habían tenido la misma suerte que yo.

Mi vida después de salir del hospital dio un giro de 180 grados. Solía tener pesadillas sobre el accidente, más intensas que nunca. Me costaba mucho conciliar el sueño, y las pocas horas que dormía las pasaba aterrorizada en sueños.

Me sentía sin fuerzas para realizar cualquier cosa, y no conseguía concentrarme para poder hacer tareas cotidianas. El simple hecho de salir a la calle suponía un esfuerzo descomunal. Cuando lo hacía, evitaba a toda costa las aglomeraciones de gente, y no podía soportar el olor a humo de la gente que fumaba a mi alrededor. Ponía excusas con el fin de evitar salir a la calle y ahorrar cualquier posible mal rato, e inevitablemente, me distancié de las pocas amistades que tenía.

Los padres y madres de mis amigas intentaron contactar conmigo varias veces, pero no me sentía capaz de afrontar esa conversación. El sentimiento de culpabilidad me llenaba por dentro, y no paraba de cuestionarme por qué fui yo la única en sobrevivir. No entendía por qué sus hijas no habían tenido la misma suerte que yo, y no paraba de imaginar escenarios en los que podía hacer algo por salvarlas.

Un día, estando en casa, escuché el sonido de un petardo prendido por unos niños, y volví al momento del accidente. El flashback era muy real, volví a oler a quemado como aquel día, volví a sentir el calor de la explosión y volví a ver el cuerpo de mi amiga junto al mío. Estaba reviviendo vívidamente el instante de nuevo, y nunca había sentido tanto miedo. Tuve un ataque de pánico, y el sufrimiento era tal, que sentía que sobrevivir al accidente había sido un castigo mucho peor que haber muerto aquel día. Fue cuando no vi otra opción más que pedir ayuda a mi padre y mi madre, que me llevaron al médico, y ésta me derivó a una psicóloga.

La psicóloga fue la primera persona a la que le conté todo, con el mayor detalle posible, y fue la primera vez que alguien le puso nombre y apellido a lo que me estaba pasando: trastorno de estrés post traumático (TEPT). Sentí un alivio inmenso al saber el diagnóstico, al saber que me estaba pasando algo real, y que no estaba perdiendo la cabeza. Comencé una terapia con ella que combinaba medicamentos y sesiones individuales.

A día de hoy me encuentro mucho mejor y no tengo el miedo que tenía antes. Tengo amistades sólidas, estoy independizada y tengo un trabajo estable. El TEPT no es algo que desaparezca con el tiempo, es una mochila con la que sé que voy a tener que cargar. Sé que no hay una cura final, pero también sé que hay muchas cosas que puedo hacer para no volver a sufrir como he sufrido. Es posible mantener una buena vida después del trauma, por eso animo a todas las personas que han podido vivir un episodio traumático a pedir ayuda, y por supuesto, quiero que sepan que no están solas en esto.”

Lenguaje y pensamiento

Ha llegado el final para la asignatura de Historia de la Tierra y la Vida, y con él, una última reflexión acerca del lenguaje y el pensamiento. El punto de partida es reflexionar acerca de qué cosas podemos pensar sin necesidad de recurrir al lenguaje, a esas “palabras que aparecen en nuestra mente”, y después cuestionar si es posible elaborar de esas maneras planes de acción para poder transmitirlos.

Todas y todos hemos experimentado, inconsciente o conscientemente, la voz interior; esa voz particular que da “volumen” a lo que leemos y reflexionamos, a todos los argumentos que podríamos haber dicho en esa discusión, incluso a los demonios intrusivos que a veces queremos callar. Nos hemos dado cuenta de que poner la “mente en blanco” no es tan fácil como parece. Y es que, el lenguaje no nos sirve sólo para comunicar, también sirve para pensar.

Creo que sí que hay cosas en las que podemos pensar sin tener que recurrir al lenguaje y a esas palabras que aparecen en la mente, incluso es posible la transmisión de información simple de esas maneras, pero me cuesta imaginar la forma de elaborar planes de acción complejos y transmitirlos al resto.

La música es una de las cosas en las que es posible pensar sin necesidad de las palabras, ya sea tarareando canciones conocidas o bandas sonoras de películas. Los recuerdos, las fantasías y las películas mudas también son ejemplos, y lo que tienen en común todos ellos es el impacto que tienen en las emociones, y su gran capacidad de contagio. La música o las películas mudas son herramientas de transmisión de información, pero no creo que puedan ser útiles a la hora de transmitir planes complejos. Otro estímulo visual que se me ocurre son las señales de tráfico; al fin y al cabo, no dejan de ser símbolos con un mensaje claro y directo, sin palabras, con el que poder comunicar información crucial y con el que crear un impacto en el receptor (si se cumplen, claro).

De todas maneras, no puedo evitar pensar en la complejidad de esta reflexión. Parto desde un punto de vista sesgado, al ser una persona sin ninguna discapacidad asociada al habla o a los sentidos, y para mí el lenguaje está unido prácticamente en su totalidad al habla. Por eso los ejemplos en los que pienso están en gran parte disociados del ello, y quizás especialmente conectados al resto de sentidos, como la visión o el oído. Creo que resultaría estimulante y muy interesante conocer la misma reflexión de alguien que no comparte la misma realidad que yo.

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